Te asombras al escuchar sus historias, toda la odisea realizada
para llegar a un pequeño lugar de calma, piensas de nuevo en los paisanos que
van al otro lado. Tus compañeros de trabajo son hondureños, uno viene de Tegus
y otro de cerca de Campamento, no te puedes acostumbrar a su acento, cada día
tardas menos en entender pero aun así no te acostumbras, al principio hubo tención
entre ustedes, ellos se portaban como si fueran esclavos, no pedían nada. Descubriste
que un insecto mitómano los quería manipular y que los asustaba, resolviste eso
con el estilo que te caracteriza, hablas con ellos les dices que se ayudaran
mutuamente y todo será más tranquilo y fácil. En este punto te impresionas de
su rapidez para aprender las cosas del área de trabajo, ellos sin alguna experiencia
previa, solo su dedicación y necesidad parecen obligarlos a hacer todo mejor de
lo que se les pide. Escuchas atento cuando cuentan sobre los “maleros” quienes
se dedican a extorsionar migrantes, los peligros abordo de la bestia (tren que los
trae de honduras a Coatzacoalcos) y el pedote que es subir en ella, los días que
pasaron sin comer, cuando recuerdan su tierra. Te dicen que durante el viaje en
la bestia es cuando más tiempo tienen para pensar, que harán, a donde ir, como
enfrentar los riesgos, tu sorprendido no dejas de hacer preguntas. Ya llevas
casi 2 meses trabajando con ellos, ya no hay tensión, trabajas bien con ellos,
y estas contento con su desempeño y entrega, piensas en que sería de ti si
intentaras hacer un viaje así, acaso tendrías la fortuna que ellos llevan encima
o te regresarían. Con el tiempo has notado como se han relajado ya no se
atormentan con no poder con el trabajo o la deportación. Eso es bueno.
Concluyes el post diciendo que…
Yo opino que si ellos tomaron la decisión de venir a México para hacerse de una
mejor vida, tú que ya vives aquí, ¿Qué esperas?


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